8 frases célebres de José de Espronceda

José de Espronceda (1808-1842) fue un gran poeta español. Desde muy joven se sintió atraído por la literatura y por la actividad política; de hecho, en 1823, fundó una sociedad secreta en pro de la libertad cuyos jóvenes miembros se hacían llamar los Numantinos. Denunciado por sus actividades intelectuales en 1825 fue condenado a exiliarse de Madrid durante cinco años, si bien finalmente su pena fue rebajada a tres meses que cumplirá en un monasterio de Guadalajara donde su padre estaba destinado. Estuvo en Portugal, Inglaterra y finalmente en Francia. Participó en las oleadas revolucionarias de 1830 en París y más tarde regresaría a España con la amnistía de 1833.

Trabajó como redactor del periódico El Siglo, del que se apartó cuando fue censurado por el gobierno. En septiembre de 1840, la victoria liberal le permitió dar el salto a la primera fila de la política española: fue elegido diputado por Almería, y nombrado secretario de la delegación española en La Haya. Murió a los treinta y cuatro años de garrotillo (difteria) en 1842, cuando se iba a casar con Bernarda de Beruete. Espronceda es considerado el poeta romántico español por excelencia; no en vano, se vio influenciado por los grandes románticos Lord Byron o Walter Scott.

Su labor política fue a la par que su labor literaria. Entre sus grandes obras destacamos “El estudiante de Salamanca” (1837) y un buen número de poemas cortos, o canciones, de entre las que habría que destacar la “Canción del pirata” o “El verdugo”.

Recordamos sus citas más célebres:

“Que es mi barco mi tesoro, que es mi dios la libertad, mi ley, la fuerza y el viento, mi única patria, la mar”. (La Canción del Pirata)

“A mí tan sólo penas y amargura, me quedan en el valle de la vida; como un sueño pasó mi infancia pura, se agosta ya mi juventud florida.” (A una estrella)

“Yo, compasivo, te ofrezco; lejos del mundo un asilo, donde a mi sombra tranquilo, para siempre duerma en paz”. (Canción de la muerte)

“Deja que inquieten al hombre que loco al mundo se lanza; mentiras de la esperanza, recuerdos del bien que huyó; mentiras son sus amores, mentiras son sus victorias, y son mentiras sus glorias, y mentira su ilusión”. (Canción de la muerte)

“Allá muevan feroz guerra, ciegos reyes por un palmo más de tierra; que yo aquí tengo por mío cuanto abarca el mar bravío, a quien nadie impuso leyes” (La Canción del Pirata)

“En las presas yo divido lo cogido por igual; sólo quiero por riqueza la belleza sin rival”. (La Canción del Pirata)

“Ya osan ser libres los armados brazos y ya rompen la bárbara coyunda, y con júbilo a ti, todos ¡oh muerte! y a ti, divina libertad, saludan”. (Despedida del patriota griego de la hija del apóstata)

“Yo soy pobre y se lastiman todos al verme plañir, sin ver son mías sus riquezas todas, que mina inagotable es el pedir”. (El mendigo)

 

Acerca de Abel Hernández

Consultor en Informática, Director de ¿K'atsiyatá? La Revista Cultural de Papantla, Miembro del Club Rotario de Papantla, Secretario de la Cruz Roja Delegación Papantla, Miembro del Grupo Cultural Papán Real, Coordinador Municipal de Papantla de la Unión de Escritores Veracruzanos, Miembro del Comité Pueblos Mágicos de Papantla. Miembro del Consejo Supremo Totonaco A.C.
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